Breve historia del concreto lanzado

El primer Concreto Lanzado se usó hace más de cien años y consistió en un recubrimiento, el cual fue inventado por el naturista Estadounidense Carl Ethan Akeley (1864-1926), en 1907. Su máquina de lanzar morteros la utilizó para recubrir los esqueletos metálicos de animales prehistóricos, ya que con el cimbrado tradicional no podía lograr las formas irregulares de los músculos de los dinosaurios. En 1907 patentó su equipo, conocido como “cement-gun”. Este sistema consistió en introducir la mezcla seca (cemento y agregados) por la tubería de impulsión y el agua en la boquilla.

 

Cement gun company explotó comercialmente el invento y lo bautizó con el nombre de “Gunita” que en realidad significaba un mortero aplicado neumáticamente a gran velocidad.

El procedimiento se difundió rápidamente en Europa. En 1930 surgió el término “Shotcrete”, introducido por la “American Railway Engineering Asociation”, para describir el proceso de la “Gunita”, aunque actualmente se emplea en los Estados Unidos de América para describir en general morteros y concretos lanzados. En 1954 el American Concrete Institute (ACI), definió oficialmente al concreto lanzado como “un mortero o concreto proyectado neumáticamente a gran velocidad contra una superficie.

A más de un siglo de la invención del concreto lanzado sigue siendo uno de los métodos más importantes en la tecnología del concreto. El concreto lanzado se ha convertido en una excelente opción para la industria del concreto. La velocidad en el avance de las obras y la versatilidad en su aplicación hacen muy atractivo este método por sus ventajas para la construcción de túneles, estabilización de taludes y soporte de estructuras sin necesidad de encofrados.

Podríamos hablar del concreto lanzado como una disciplina en que intervienen diversos actores: en primer plano los profesionales que especifican y diseñan los proyectos, responsables de conocer las metodologías que se van a utilizar en las diferentes obras; en otro plano no menos importante, aquellos encargados del control tecnológico, que son profesionales de alta experiencia rodeados de personal capacitado y conocedores de las normas y métodos de ensayo aplicables a los materiales que intervienen en el diseño de las mezclas. Estos equipos humanos acompañan la entrega de un producto a una tercera fase, la colocación, donde también encontramos personal altamente calificado, los lanzadores, que en nuestro medio se han formado en su especialidad y transmiten su saber de generación en generación. En últimas, es a ellos a quienes confiamos todo un desarrollo tecnológico para establecer una perfecta interacción entre el ser humano, la tecnología y los equipos de colocación. Solo cuando todo está engranado y totalmente coordinado se pueden lanzar o proyectar las mezclas de concreto con éxito garantizado.
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